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Me encanta Tolkien. Eso es un hecho demostrado. El primer libro que leí fue “El Señor de los Anillos”. Como muchos de vosotros ya sabéis, está dividido en tres volúmenes bastante gruesos. Bueno, pues me leí los tres libros en unas dos semanas. Simplemente no podía dejar de devorar los libros, e incluso me quedaba despierta hasta altas horas de la madrugada porque quería leer “solo un capítulo más”. En un libro plagado de criaturas fantásticas y diferentes razas de personas, mis personajes favoritos son los Hobbits. Les gusta vivir vidas tranquilas, en realidad no les gusta verse implicados en demasiadas aventuras, les encanta comer (hasta el punto de que desayunan dos veces), y son pequeños. ¿Qué puedo decir? ¡Son como yo!

Ahora en serio, si tuviera que elegir, elegiría ser un Hobbit (ya me encanta comer y tengo el tamaño adecuado). Vivir en la Tierra Media sería genial, y sus casas son muy bonitas. Así que no es de extrañar que el segundo libro de Tolkien que leí fue “El Hobbit”, y fue fantástico seguir las aventuras de Bilbo Bolsón, y poder conocer más cosas sobre Gollum y la historia del Anillo Único.

Me encantaría ser un Hobbit pero, si un brujo viniera a mi casa para decirme que debo ir a un lugar muy peligroso para destruir un anillo, le diría: “Hmm, gracias, pero no.”